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¿QUÉ IMAGEN DOY DE MÍ MISMA?

IMAGEN, Septiembre 2017
por Mara Velasco | Nº 127
Sobria y optimista
Sobria y optimista
Tonos neutros
Tonos neutros

¡Qué importante es la primera impresión! Aunque el valor de una persona es mucho más profundo, una buena imagen a primera vista puede decidir muchas cosas: el inicio de una amistad, la sensación de simpatía o credibilidad, una oferta de trabajo… A veces en nuestro aspecto nos dejamos llevar por la inercia y estamos siempre igual, nos maquillamos igual, nos peinamos del mismo modo, nos vestimos sin parar a pensar qué vamos a hacer ese día… Por eso es tan importante hoy en día el asesoramiento de imagen, sobre todo en las personas que trabajan de cara al público.

Casi todas las mujeres y cada vez más hombres se preocupan por su imagen. Hasta hay programas de televisión que asesoran y cambian la imagen de una persona. Eso en sí es bueno mientras no se convierta en una obsesión o en una preocupación permanente por el físico, que debe estar muy en segundo plano. Todos hemos nacido con unos genes determinados y a veces la naturaleza es muy difícil cambiarla. Sí se puede mejorar, y eso es lo que nos ocupa en este artículo, porque nuestra imagen transmite mucho de nosotros mismos y de nuestras cualidades

No es bueno imponernos unos estereotipos que han triunfado en la sociedad y en los medios de comunicación: cuerpos perfectos o tipos casi anoréxicos, gente que se gasta miles de euros en cirugía estética, que está en constante batalla con la báscula o que acaba cayendo en patologías alimentarias. Somos como somos. Y a partir de ahí, vamos a tratar de mejorar nuestra imagen exterior

Cómo empezar 

Imagen armoniosa
Imagen armoniosa
Aspecto chic
Aspecto chic
Elegancia
Elegancia

¿QUÉ IMAGEN DOY DE MÍ MISMA?

1) Se puede acudir a un especialista, al salón de belleza o a la peluquería a pedir asesoramiento. En todo caso, a alguien objetivo que nos pueda dar unas pautas en cuanto al vestir, al pintarnos o al corte de pelo, siempre dentro de nuestra personalidad. 

2) Es bueno situarnos delante del espejo, y si nos sobran unos kilos echarlos fuera con una dieta sana. 

3) Mirarnos el cabello y decidir si ya no tenemos edad para llevar la melena a la cintura, por ejemplo, o va siendo hora de cambiarlo, cortarlo o disimular las primeras canas. 

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Para la oficina
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Propuesta de Roberto Verino

4) Ver en qué ropa no entro o está pasada de moda y desecharla. Hay que dejar hueco en el armario para otras cosas. 

5) Probar en casa y sin prisas otras formas de maquillarnos, siguiendo las tendencias, o aprendiendo en los tutoriales de la red a realzar nuestros rasgos más bonitos. 

Ante una entrevista de trabajo 

Muchas personas relacionadas con la imagen o la moda coinciden en afirmar que la verdadera elegancia reside es saber comportarse –y por tanto vestir- en cada ocasión según lo requiera la circunstancia. 

Es superimportante, por ejemplo, tener una buena presencia –en los ademanes, en el modo de hablar, en el vestir- cuando se trata de buscar trabajo. No es lo mismo acudir a una entrevista de trabajo para una oficina administrativa, para un buffet de abogados, para vendedora de cosméticos o para un bar de copas. Lo primero es saber donde hemos recalado. La vendedora de cosméticos tendrá que tener una piel y un maquillaje perfecto, la camarera simpatía y destreza, la abogada derrochar credibilidad. 

En cualquier caso ante una entrevista de trabajo hay pautas estándares con las que triunfaremos: dar una imagen responsable y equilibrada, sin demasiada verborrea o excesiva timidez, contestando tranquilamente y con sinceridad a lo que se nos pregunta. 

¿La vestimenta? Con el dúo blanco/negro no nos equivocamos nunca: pantalón negro y blusa blanca, o tonos neutros como el gris piedra o el camel. Huir de los colores chillones, de las minifaldas, de las prendas muy ajustadas y de los escotes excesivos: lo que queremos es que nos miren a la cara, no a cualquier otro lugar de nuestro cuerpo. El maquillaje, comedido, aunque potenciando más los ojos que la boca, el cabello limpio y con un buen corte. Y alguna joya discreta no demasiado cara ni demasiado simple. Se trata de proyectar armonía y evitar la estridencia aunque está permitido tener un detalle chic, ya sea en los zapatos o en algún otro complemento.

Edad, estación, circunstancia 

Es importante tener en cuenta la edad. Lógicamente no es lo mismo vestir unos pitillos superajustados o un bikini con 20 que con 60 años. Depende también de nuestra genética y de nuestro carácter, pero en líneas generales, la elegancia estriba es saber cómo vestir según las estaciones, la edad y los ambientes en los que nos movemos. Vestir de forma armoniosa no es difícil, la compra por impulso es negativa a la larga, necesitamos saber qué nos va y cuándo lo vamos a usar. 

Es muy chocante ver a personas entradas en años vestidas como adolescentes –el tiempo pasa inexorable- o luciendo carnes que deberían estar ocultas. Si somos gorditas conviene usar prendas sueltas o evitar en lo posible los trajes de baño sucintos. Cuestión lógica de buen gusto. 

La vestimenta responde también a un estado de ánimo interior, muestra nuestra “alma”. Quien nos vea puede percibir si somos descuidadas o una mujer de orden, si respetamos nuestro cuerpo o si confundimos la libertad con la ordinariez. 

Mucha gente ha logrado un estilo propio pero otras personas aún no. En estos casos conviene pedir asesoramiento, bien a un consultor de imagen (una profesión aún muy desconocida) o bien a una amiga que sepamos que nos va a aconsejar bien. Verse mejor es sentirse mejor. Y eso repercute en el optimismo y satisfacción por nosotras mismas y por lo que nos rodea.

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