
Todo el mundo ha dado por hecho que “27 vestidos” es una historia similar a la excelente “El diablo viste de Prada”, pero lo cierto es que no se le parece en nada. Tan sólo tienen en común su guionista, Aline Brosh McKenna, que en este segundo film hace un trabajo bastante menos elaborado. A mí me ha recordado mucho más a la deliciosa comedia “La boda de mi mejor amigo”, protagonizada por Julia Roberts y Cameron Díaz en 1997, pero a la que no le llega ni a la altura del zapato. De ella copia bastantes detalles, como el triángulo amoroso, la situación de quien debe ser dama de honor en una boda en la que se casa su enamorado con otra o la memorable escena de la canción improvisada y coreada por todo el local.